Tribuna Bit Nº 12
Desembre 2001

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Sobre la infoxicación de Alfons Cornella

Leí su articulo de Tribuna Bit, como siempre oportuno y eficiente. Mi enhorabuena, soy también seguidor de infonomia y es un placer.

Tu definición de ''working interruptus'' es perfecta, desde que la leí la uso, tiene la ventaja que define perfectamente la situación y además conlleva la crítica implícita.

Esto es como quejarse de que la TV es mala, con apretar un botoncito rojo (porque aun llevan este botoncito ¿verdad?), es suficiente.

Quería hacerte un par de consideraciones:
Los que somos un poco mayorcitos, yo paso de los 50, nos resistimos y nos resistiremos a aceptar que el exceso de información es un problema ¿Por qué?

Porque cuando el franquismo nos volvíamos locos por las miajas de información que podíamos conseguir (libros clandestinos, idas a Perpignan a comprar libros y revistas, fotocopias ilegibles, etc.)

Para todos nosotros Bendita sea Internet aunque nos produzca multitud de ''interruptus'', más vale exceso que falta.

Nos hemos olvidado de una figura esencial, las secretarias de dirección, las que eran capaces de filtrarnos (no escondernos) la información, de clarificarla, de separar el trigo de la maleza.

Esta figura, seguramente con un nuevo nombre, deberá reivindicarse. Cualquier ejecutivo piensa que con su móvil, su PAD, su computer e internet ya lo tiene todo, y después pasa horas quejándose de su móvil, su PDA, su computer y su internet, y mira por donde también tiene un botoncito que dice ''off''.
Mis saludos y mi admiración y reconocimiento.

Agustí Hernan
Economista
Sant Quirze del Vallès

Para los que no saben que informática empieza por inform

Reconozco, antes de todo, que en lo que respecta a la informática y a todos sus productos asociados soy un auténtico ignorante.

Para mi los ordenadores eran hasta no hace mucho, poco más que pantallas desde donde podía jugar al solitario o a la carta blanca. No obstante, a raíz de la llegada del fenómeno de Internet, y arrastrado por el ímpetu e insistencia de mis hijos, me vi inmerso en la difícil, costosa y desesperante misión de comprar un ordenador nuevo.

Después de pasearme por toda la Ronda de Sant Antoni, vía recomendada por un amigo donde “seguro que encuentras lo que buscas”, me vi en la plaza Universidad con la cabeza destrozada y mis neuronas en fuera de juego.

¿Hablamos un lenguaje diferente los vendedores y los compradores? En mi hazaña, no encontré ni un sólo vendedor que utilizase el mismo idioma que yo.

Repetían una y otra vez preguntas que no sabía responder, cuántas megas quiere, qué tarjeta de sonido, que placa base, cómo quiere la torre, módem interno, externo, DVD, CD-Rom... y así una y otra vez en cada una de las tiendas en las que intenté conseguir información legible.

Cada vez que preguntaba ponían esos dependientes los ojos en blanco. ¿No soy yo el comprador y ellos los vendedores?

Al final, después de ver mis esfuerzos anulados por la soberbia y la autosuficiencia de dichos profesionales, me decidí por trasladar mis posaderas a un centro comercial, llamar a un empleado, señalar con el dedo uno de los aparatos de muestra y decirle, “póngame ese y envuélvalo para regalo por favor”.

Raúl Gómez
Barcelona